Lo mínimo en lo cotidiano

Profesores, descanso, cálculo. ¿Qué significado adquieren estas palabras el día de nuestra graduación? Luego de once años, estas se añadieron a un vocabulario de rutina, algo carente de emoción. Pero hoy comprendemos que, en adición a otras, estas palabras tienen un significado aún más profundo del que pensamos; un significado más profundo que lo que vimos durante seis horas diarias, aproximadamente 300 días del año. Los profesores no solo fueron “esa molestia”, o esa “espinita” que nos rajaba cada nada; fueron una ayuda, una formación necesaria para cada día. El descanso no solo fue el anhelado tiempo por cada uno de nosotros, sobre todo después de una “entretenida” clase de química, sino que también fue un tiempo de conocernos mejor, hablar y simplemente pasarla bien. Y qué decir de cálculo, cuando fue la tortura de muchos mientras otros lo preferían ante cualquier otra materia. Pero no se trata de eso, se trata de saber que cada una de estas cosas nos formó como personas, nos ayudó a tener paciencia y nos unió como curso.
Lastimosamente, requerimos estar sentados en nuestros mejores vestidos, cubiertos por una toga y un birrete, para darnos cuenta de que todo esto, no volverá jamás.
Seguramente habrán escuchado la frase: “No sabemos lo que tenemos, hasta que lo perdemos”. ¿Qué tal si la cambiamos por: “No apreciamos lo que tenemos, hasta que lo perdemos”?
Sí, sabíamos que teníamos profesores –de vez en cuando molestos-; pero nunca los miramos con aprecio, ni admiramos sus esfuerzos para mantener la calma en un curso como el nuestro.
Sabíamos que los descansos significaban la obtención de llenura para nuestros estómagos, pero no los apreciamos como una oportunidad para conocernos más estrechamente, y desarrollar amistades duraderas.
Sí, teníamos en cuenta las clases de cálculo; pero debimos verlas como una oportunidad para asumir nuevos retos y superarnos a nosotros mismos.
No desperdiciamos los mejores días por pasar horas sentados en un aula, estando en desacuerdo con nuestros uniformes, y odiando a nuestras autoridades. Desperdiciamos los mejores días al concentrarnos en las cosas mínimas, sin ver lo grande en la cotidianidad.
Entonces, aunque dejamos todo un mar de experiencias por detrás, debemos estar agradecidos, porque la vida nos presenta una nueva oportunidad para cambiar de mentalidad.
Una nueva oportunidad para apreciar cada cosa hasta lo más mínimo, y aprender a sacar lo bueno de lo malo.
Alguna de nuestras compañeras me inspiró a quejarme menos, aunque no estuviese de acuerdo con mucho de lo nos rodeó. Gracias por hacer la diferencia, en una sociedad donde todos estamos inconformes, y nos perdemos la vida misma por actuar con reproches y caprichos.
Ahora que salimos, ahora que –como muchos piensan- lo logramos, sabemos que hemos perdido mucho, pero nos queda mucho por ganar. Las puertas están abiertas para que, al salir, desde lo mínimo hagan la diferencia; para que recuerden cada chiste hecho en el salón y piensen como eso marcó una diferencia en un ambiente algo tedioso. Para que recuerden como una actitud diferente, un acuerdo, aportó a la vida de cada uno. Para que recuerden que las grandes diferencias, no siempre tienen grandes raíces.
Gracias a cada uno de los docentes y a las autoridades del colegio, por soportar nuestras altanerías, por –muchas veces- inspirarnos, y por corregirnos con aprecio. Les deseo una enorme bendición de parte de Dios, y les honro por su labor en esta tarde.
Gracias a nuestros padres y familia, por su paciencia, sus ánimos y correcciones; que día a día demostraban un amor profundo y verdadero, que al fin y al cabo puede ser llamado una muestra del amor de Dios.
Gracias a cada uno de mis compañeros, por enseñarme nuevas cosas, por soportarme, por hacerme reír, por ser utilizados por Dios en diferentes maneras. Tuvimos nuestros altibajos, pero en medio de todo, Dios tuvo el control. Me quedo sin palabras para expresar mis anhelos para sus vidas, sus familias y proyectos, los cuales encomiendo a Dios. Solo les deseo los mayores éxitos, un futuro lleno del cuidado de Dios y su guía. Que puedan encontrar la verdadera felicidad, y el sentido de cada una de sus vidas.
Mis más sinceras gracias para todos,
Nicole Emily Cruz.
Hace algunos meses, solía ser otra de las que piensan que "los amigos verdaderos no existen". Estaba frustrada porque pasé por muchas experiencias en las que, las personas a quienes más quería, me fallaron. Tal vez no estaba dispuesta al hecho de que todo puede cambiar en un segundo, lo que me llevó a creer que quienes me rodeaban iban a estar allí para siempre. Me equivoqué. De aquellos con quienes tanto compartí, solo uno se quedó conmigo. El resto se encargó de crear en mi una errónea imagen de los amigos, o tal vez la imagen humana exacta. Comencé entonces a creer que las personas siempre me fallarían y que, para evitar que hirieran mis sentimientos o se aprovecharan de mi, simplemente debía evitar a los "amigos".
Es cierto. Las personas siempre me fallarán...
 pero yo también les fallaré a ellas.
Eso fue lo que marcó la diferencia en mi forma de pensar.
Con el paso del tiempo nos hemos ilusionado con una idea de amistad perfecta, que solo existe en un caso. Pero jamás encontraremos un ser humano perfecto, y por lo tanto no será un amigo perfecto. Sin embargo, no podemos encerrarnos en esa tonta idea en la que yo en algún momento me encerré, porque de ser así, nos perderemos de la hermosa experiencia que puede ser una amistad verdadera. Si, verdadera, y no perfecta. Por el miedo a ser heridos podemos perder a personas que realmente nos quieren y se preocupan por nosotros. Por el miedo a salir lastimados podemos herir los sentimientos de nuestros más cercanos. Y justo ahí, es donde tu impactas. Tratando de ser un buen amigo aunque sepas que los demás te fallarán, que son pasajeros. Por que a eso estamos llamados, y amigos hay más unidos que hermanos.
Gracias por no haberte ido nunca.

Motivación

Ballet, fútbol, música, escritura... Cada uno tiene sus gustos y talentos. Sin importar cual sea, nos gusta practicarlo por alguna razón. Tal vez porque es relajante, o te forma en disciplina; tal vez porque te reconocen por ello o formas parte de un grupo. ¿Cuál es tu verdadera motivación para hacer lo que haces? Cada uno tiene cosas especiales que puede compartir con los demás, sin saber que eso puede alegrar un día o cambiar una vida. Si supieras el impacto que tiene la forma en la que haces lo que más te gusta, entonces definitivamente buscarías hacerlo más seguido... pero no para disfrutarlo tu solo, sino para compartirlo (: ♥
Que esa sea tu motivación.