Hace algunos meses, solía ser otra de las que piensan que "los amigos verdaderos no existen". Estaba frustrada porque pasé por muchas experiencias en las que, las personas a quienes más quería, me fallaron. Tal vez no estaba dispuesta al hecho de que todo puede cambiar en un segundo, lo que me llevó a creer que quienes me rodeaban iban a estar allí para siempre. Me equivoqué. De aquellos con quienes tanto compartí, solo uno se quedó conmigo. El resto se encargó de crear en mi una errónea imagen de los amigos, o tal vez la imagen humana exacta. Comencé entonces a creer que las personas siempre me fallarían y que, para evitar que hirieran mis sentimientos o se aprovecharan de mi, simplemente debía evitar a los "amigos".
Es cierto. Las personas siempre me fallarán...
 pero yo también les fallaré a ellas.
Eso fue lo que marcó la diferencia en mi forma de pensar.
Con el paso del tiempo nos hemos ilusionado con una idea de amistad perfecta, que solo existe en un caso. Pero jamás encontraremos un ser humano perfecto, y por lo tanto no será un amigo perfecto. Sin embargo, no podemos encerrarnos en esa tonta idea en la que yo en algún momento me encerré, porque de ser así, nos perderemos de la hermosa experiencia que puede ser una amistad verdadera. Si, verdadera, y no perfecta. Por el miedo a ser heridos podemos perder a personas que realmente nos quieren y se preocupan por nosotros. Por el miedo a salir lastimados podemos herir los sentimientos de nuestros más cercanos. Y justo ahí, es donde tu impactas. Tratando de ser un buen amigo aunque sepas que los demás te fallarán, que son pasajeros. Por que a eso estamos llamados, y amigos hay más unidos que hermanos.
Gracias por no haberte ido nunca.

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